martes, 27 de septiembre de 2022

Necesidad y pertenencia, EL SIGLO XXI SERÁ GUATTARIANO

 


                                                     

 


Necesidad y pertenencia

Conocido mundialmente por sus libros escritos a cuatro manos con Gilles Deleuze, se cumplen tres décadas del fallecimiento de Félix Guattari, analista heterodoxo, militante político y una de las conciencias críticas de Francia con mucho que decir para nuestros tiempos apocalípticos y rizomáticos. Legado presente de un pensador del futuro.

Mariano Pacheco

Diario Perfil- https://www.perfil.com

18-09-2022 

Michel Foucault supo decir que el siglo XXI sería deleuzeano y quizá no se equivocó, aunque podríamos agregar que también es guattariano. Este año se conmemoran los cincuenta años de la salida de El AntiEdipo –ese primer libro escrito de manera conjunta entre ambos autores–, y treinta años del fallecimiento de Félix Guattari, el más contemporáneo de nuestros filósofos, sobre todo después de la pandemia del covid-19, que acechó a la humanidad y puso en el centro de la escena pública mundial la discusión sobre la salud mental, los padecimientos y malestares, la crisis ecológica, las mutaciones en las formas del trabajo, la emergencia de nuevos agentes y agendas en sociedades totalmente convulsionadas y conmovidas por la concentración de las riquezas, el aumento de la pobreza y la cada vez más intensa sujeción subjetiva al patrón cultural que rige el mundo actual, más allá de la variedad de colores y perspectivas de los diferentes gobiernos nacionales. Todos estos temas fueron abordados, pensados y problematizados por Guattari en su trabajo conjunto con Gilles Deleuze, pero también en sus propias elaboraciones anteriores y posteriores a ese período. Por lo general, toda esa apuesta intelectual, que fue a la vez una empresa vital, nunca la realizó en soledad. Más allá de la firma singular, de su nombre estampado en los libros y artículos que escribió, de las conferencias en las que habló, siempre fueron iniciativas llevadas adelante desde una confluencia de entramados clínicos, filosóficos y políticos que compartía con diversos compañeros y compañeras de ruta. 

Como un reloj que se adelanta. En Kafka, para una literatura menor, otro de los libros que Guattari escribió junto a Deleuze, aparece una reivindicación del gesto vanguardista del escritor checo de asumir la literatura en términos performativos, es decir, no tanto representando la época (versión realista) sino siguiendo las líneas que arrastran lo contemporáneo hacia el porvenir. Algo de eso también está presente en la “filosofía del mediodía” de Friedrich Nietzsche en contraposición a la clásica idea hegeliana de que la filosofía es como el búho de Minerva (“levanta vuelo al anochecer”), y más allá de que supo ser más trabajada por Gilles que por Félix, la rescatamos aquí para pensar la propia trayectoria de Guattari. Al fin y al cabo, fue Félix quien ya en la década del 80 elaboró, con su tesis de las “tres ecologías”, muchos de los planteos que hoy circulan en discusiones, debates y prácticas de nuestra sociedad. 

Guattari sostenía que feminismos y ecologismos debían marchar junto a la lucha obrera, en cualquier perspectiva de cambio social, que en su caso ponía un especial énfasis en lo que denominaba “revolución molecular”. “Ecología ambiental”, para replantear el vínculo entre la humanidad (específicamente su acción depredatoria) y el planeta; “ecología social”, para repensar las luchas de clases contemplando las mutaciones del mundo obrero y, finalmente, una tercera dimensión, la “ecología mental”, para abordar el capitalismo en su fase neoliberal, y contemplar cómo este profundiza la angustia, la tendencia a la soledad, al individualismo y la neurosis, separando a los sujetos del campo social y privatizando el malestar. “No hay oposición entre las tres ecologías –escribe Guattari–. Toda aprehensión de un problema medioambiental postula el desarrollo de universos de valores y, por lo tanto, de un compromiso ético-afectivo”.

Esta propuesta, incomprendida por las izquierdas de entonces, ponía el foco en la necesidad de efectuar una “reconversión ecológica” de la “acción sindical”, no para negar la centralidad que la clase trabajadora tiene en las luchas emancipatorias, en sociedades regidas por la lógica del capital, sino para problematizar cuestiones fundamentales como el corporativismo, el machismo, la homofobia (y a veces también la xenofobia) obrera y el afán productivista que rigió a gran parte de “Estados socialistas”, en una carrera de disputas con el capitalismo que en gran medida reprodujo esquemas similares en relación con un modelo humano en su vínculo con el planeta. 

Por todo esto es que para Guattari (también para Deleuze) la revolución molecular debía estar en el centro de la escena en ese entonces. Claro que su época está marcada por las revoluciones totales, desde la soviética en la Rusia de 1917 a la sandinista en la Nicaragua de 1979, pasando por los procesos triunfantes de las izquierdas en China, Cuba, Vietnam y otros tantos países, a diferencia de hoy en día, donde el concepto y el proyecto de revolución parecen haber quedado enterrados en el pasado, con lo cual no puede dejar de plantearse la necesidad de repensar el concepto mismo de revolución molecular y su puesta en relación con los anhelos de llevar adelante “procesos de cambio” en sentido emancipatorio. Pero más allá de estas transformaciones –fundamentales– en los contextos, la obra de Guattari no deja de ser un legado importantísimo para pensar las dimensiones micropolíticas de nuestras sociedades. 

Fuera de la norma. A inicios de la década del 80, mientras en Argentina los militares se retiraban del gobierno que habían usurpado en 1976, dejando un tendal de muertos y vidas “desaparecidas” que se simbolizarían en el número 30.000, en Brasil comenzaba a conformarse el Partido de los Trabajadores, y un conjunto de experiencias políticas, sociales y culturales pujaban desde abajo, con fuerza, en el intento por replantear la vida, en un continente (sobre todo en su Cono Sur) donde el terrorismo de Estado había arrasado con los vientos de cambios tan presentes en las dos décadas anteriores. A ese bullicio del país vecino, el escritor, pensador y poeta argentino Néstor Perlongher lo llamó el “Brasil menor”, recuperando la visita y las charlas que Félix Guattari brindó por entonces allí. Perlongher, que había sido fundador del Frente de Liberación Homosexual (FLH) en Argentina, una década antes, recordará con su prosa plebeya que la idea de “lo menor” –tan presente en Deleuze y Guattari– nunca debe entenderse en términos numéricos, como muchos (mayorías) y pocos (minorías), sino como “cualidad de dominación”: en cada sociedad existe una “norma” que rige mayoritariamente los comportamientos, estableciendo una moral para la cual una determinada cantidad de cuestiones pasarán a estar mal. De allí que la propuesta “deleuzeano-guattariana” de “devenires minoritarios” pase por buscar quebrar ese patrón, esa norma, esa moral de las “buenas costumbres”, para abrir paso a un proceso de experimentación de la vida menos estereotipado, más abierto a lo inesperado, a lo posiblemente explorado. 

El concepto de  revolución molecular, por lo tanto, no puede sino ser pensado en íntimo vínculo con el de devenires minoritarios, sin desconocer por supuesto que, tal como Deleuze y Guattari sostienen en Mil mesetas –segundo tomo de Capitalismo y esquizofrenia–, toda política es siempre y al mismo tiempo micropolítica y macropolítica. 

Luego de casi cuatro décadas de Encuentros Nacionales de Mujeres, de Marchas del Orgullo Gay y de conquistas de leyes como la de Matrimonio Igualitario, Igualdad de Género y de Interrupción Voluntaria del Embarazo, junto a fenómenos de expresión masiva como el grito de #NiUnaMenos, Argentina es un país donde las luchas por la igualdad y el respeto a la diversidad de género han marcado agendas, incluso más allá de las fronteras nacionales (como fueron los paros internacionales de mujeres convocados por el movimiento feminista en los últimos años), sin haber perdido a su vez toda una herencia obrera que fue característica de estas tierras durante todo el siglo XX y que aún hoy, a pesar de las mutaciones en el mundo del trabajo (de la desindustrialización y la desindicalización proveniente de los años de la última dictadura cívico-militar), sigue contando con niveles altísimos de sindicalización y movilización de la clase trabajadora asalariada, amén de que también aquí se le ha puesto nombre y apellido, pero también organización territorial, comunitaria y sindical, a todo ese fenómeno de “descarte social” que produce el capitalismo actual: la “economía popular”, ella misma atravesada a su vez por los planteos introducidos por el movimiento feminista en torno al trabajo productivo y reproductivo, las tareas de cuidado, la feminización de la pobreza y de las actividades sociales y laborales. También, en gran medida, estas economías populares incorporan en sus planteos muchos paradigmas ecologistas, provenientes de años de luchas ambientales. 

Así y todo, la advertencia de Guattari en torno al necesario trabajo a realizar para que el neoliberalismo (él entonces se refería a un “capitalismo mundial integrado”, incluso antes de la caída del Muro de Berlín) no fragmente esos procesos, haciendo que cada uno marche por su lado, separado de los otros, acecha como un espectro toda la coyuntura actual, no solo de nuestro país, de la región, sino de todo el mundo. Anudar lucha obrera con perspectiva feminista y paradigma ecológico, prestando particular atención a las cuestiones subjetivas, es el gran legado que la obra y la trayectoria militante, clínica y filosófica de Guattari deja para nuestro inquietante siglo XXI. 

Félix Guattari: el más contemporáneo de nuestros pensadores. Fue un sábado 29 de agosto de 1992. Contaba con 62 años y tras una cena con su hija Emmanuelle se metió en su pequeño despacho de la clínica Le Borde. Allí murió, horas después, de un ataque al corazón, rodeado de sus libros, de sus anotaciones, de lo que había constituido el centro de sus reflexiones, ligadas íntimamente a una práctica que se desplegó en múltiples direcciones.

Guattari resultó siempre más conocido por ser el nombre que acompaña al de Deleuze en los cuatro libros conjuntos que por su prolífica obra y trayectoria. Félix tuvo una politización precoz. En 1952, con 22 años, abandona el hogar familiar para irse a vivir solo. Desde la adolescencia ya había comenzado a escribir: poemas, historias, sueños. De aquellos años de la primera juventud consta su paso por el Partido Comunista Internacionalista, fracción francesa de la Cuarta Internacional (trotskista). Primero estudió Farmacia y luego –lecturas filosóficas mediante– llegó a los seminarios de Jaques Lacan, de quien también fue “paciente”. De la mano de su amigo el psiquiatra Jean Oury, Guattari logró combinar tempranamente su pasión por la militancia con lecturas ligadas a la filosofía, la psiquiatría y el psicoanálisis. En abril de 1953, Oury funda Le Borde, la clínica que abre sus puertas en julio de 1956 y rápidamente entra en bancarrota. Guattari entra en acción y con tan solo 25 años se hace cargo de las finanzas de la institución, la salva y se convierte en su director de hecho. La experiencia persiste hasta el día de hoy. 

En 1965 Guattari participa de la fundación de la Sociedad de Psicoterapia Institucional, funda y dirige grupos de investigación y revistas sobre cuestiones vinculadas a su práctica clínica, mientras en simultáneo interviene políticamente, primero en la organización y el periódico La Voie Commnunista y luego en la Oposición de Izquierda. El Mayo Francés lo encuentra siendo protagonista, como militante político y como psiquiatra, cuando el Teatro del Odeón es “tomado” por asalto por un movimiento en el que confluyen artistas e intelectuales, profesionales de la salud mental y usuarios, junto a una multitud anónima que escribe en el hall de entrada: 

“Cuando la Asamblea Nacional se convierte en un teatro burgués, todos los teatros burgueses deben convertirse en Asambleas Nacionales”. 

En medio de ese “clima de mayo” tiene lugar el encuentro con Deleuze, con quien escribirá El Anti-Edipo (1972) y Mil mesetas (1980), los dos tomos de Capitalismo y esquizofrenia, además de Kafka, para una literatura menor (1976) y ¿Qué es la filosofía? (1989), y de tramar una profunda amistad.

Hacia fines de los años 70, Guattari traba amistad con el filósofo y militante comunista italiano Antonio Negri, luego encarcelado por ser acusado de “ideólogo” de las Brigadas Rojas. Cuando en 1977 el italiano llega a París, huyendo de las autoridades, Guattari lo recibe en su casa, donde se queda a vivir. “Félix se ocupó de mí como un hermano”, supo decir Negri. 

Para la misma época se produce un intenso movimiento de “radios libres” en Francia. Y allí estará Guattari intentando abrir una grieta en la comunicación hegemónica. Participa activamente del movimiento y, junto con un grupo, funda la Radio Libre París (en 1980 pasará a llamarse Radio Tomate), que emite las 24 horas, y además de los programas culturales (teatro, música, cine) cuenta con un programa semanal de debate político, que coordina el propio Guattari. Las problemáticas de las “minorías” (como los ocupantes ilegales de casas) de Francia tienen un lugar. Incluso, las minorías de otros países: palestinos, irlandeses… Finalmente la policía detecta las trasmisiones de las radios libres y las saca del aire.

La década del 80 encontrará a Guattari siendo un activista e intentando pensar y escribir sobre cuestiones ecológicas. Son años de intensos debates en un mundo que está pronto a realizar un viraje de 180 grados, crisis de las izquierdas y revolución tecnológica capitalista de por medio, y Félix escribe numerosos textos para distintos medios de comunicación, muchos de los cuales se han traducido, compilado y publicado recientemente en Argentina bajo el título ¿Qué es la ecosofía?

 

El último detective (en este lío)

Diego Sztulwark

Félix Guattari fue el último detective de nuestro tiempo. 

Como sucede muchas veces en el género policial, el investigador y las pistas que persigue nos hablan de un crimen que no puede ser resuelto en el campo de la ley. 

Es en los márgenes del estado –allí donde aún abundan pensamientos laterales y lenguajes alternativos– donde yacen los recursos útiles para descifrar el misterio que el sistema encubre. 

Una de las frases más efectivas de ese gran relato periodístico de Rodolfo Walsh que es ¿Quién mató a Rosendo? dice: “No creo en la justicia”.

La fórmula no propone tanto una declaración de principios como una posición metodológica fundamental: se investiga ahí donde la creencia –en la ley, en la sociedad– ya no funciona. Allí donde la verdad requiere adoptar una posición nueva, de ruptura con la complicidad con las relaciones sociales de propiedad. 

¿En qué sentido Guattari, el analista, filósofo, militante y escritor francés podría ser considerado por nosotros como el “último investigador”? 

Precisamente, último en la medida en que lleva el crimen al campo mismo de la subjetividad. Su gesto es de revocación: traspasa cada uno de los tabiques que prohíben trazar líneas vivas entre individuos y grupos, entre subjetividad y objetividad. 

Tal y como escribió en su extraordinaria colaboración con Gilles Deleuze, pero también en su obra solitaria, el crimen ha sido perpetrado en el campo mismo del deseo. Y eso tiene importantes consecuencias. El deseo ha perdido para siempre su inocencia. Ya no podrá ser evocado en su espontaneidad como fuerza emancipativa. El descubrimiento del campo del deseo es tanto el de la revolución como el del fascismo, y el del fascismo de mercado. El deseo colocado de otro modo es tensión de fuerzas, campo polarizado (paranoico/esquizo), cuarto oscuro en que se traman servidumbres, tanto como rincón íntimo en que se preparan desvíos inesperados. 

El deseo es tanto psiquis como la economía, pero psiquis y economía en tanto que funcionamientos conectados. El taller de un mecánico, antes que gabinete psicoanalista o econométrico. 

El último detective, Félix Guattari, fue un lector arbitrario y un escritor astuto. Supo priorizar las prácticas, las conexiones y los desvíos. La pragmática a la estructura, los procesos a los mapas. Siguió las líneas de funcionamiento, se metió en sus trampas y llenó de aceite su mameluco; insistió en ellas hasta verlas operar por fuera de la ley. Siguió su curso hasta más allá de los esquemas analíticos, teóricos y políticos, abriendo un campo de indagación inédito, cuya verdad última solo puede darse como producción de modo de vida.

Por introducir la sospecha en el campo de las redes mediáticas y comunicacionales, Guattari no puede ya envejecer. En él pensaremos cada vez que los estereotipos amenacen nuestras singularidades. Y esas amenazas no censan de crecer.

domingo, 11 de septiembre de 2022

La cooperación como pedagogía deviene cooperar para enseñar.

 

La cooperación como pedagogía deviene cooperar para enseñar.



Desde una actitud desprendida de un conocimiento rígido, estático y uniformizante podremos ubicarnos en una situación de encuentro y colaboración con la otredad en el devenir de los procesos de enseñar y aprender que, sostenida desde un rol y sus funciones de forma asimétrica, nos dará la posibilidad de brindar lo que sabemos y lo que no, lo que tenemos, lo que dudamos y lo que nos sorprende. Por ello no habrá aprendizajes significativos sin cooperación ya que esta es un aspecto profunda e históricamente humano.

Fabián Vilas Serna.

lunes, 15 de agosto de 2022

El valor de la ciencia- Neil deGrasse Tyson


                           Neil deGrasse Tyson



El valor de la ciencia no es simplemente cuál será el próximo modelo de iPod que comprará la próxima semana, sino que su valor real surge cuando es el momento de distinguir la realidad de todo lo demás. Y ser alfabetizado científicamente es estar entrenado en lo que es, reconocer tu propia fragilidad como un dispositivo de toma de datos.

Centro de Investigación, Academia de Ciencias de Nueva York, 21 de julio de 2009

miércoles, 27 de julio de 2022

Nuevo Curso sobre Coordinación de Grupos y Equipos


Este curso plantea repensar la función y el rol de coordinación, a partir de las modalidades en los espacios de tarea físicos o a distancia que se nos presentan como desafíos para la operatividad, en el momento actual.


¿ Cómo mirar y acompañar las subjetividades corporales en este re-encuentro, luego de una crisis sanitaria y social que apela al distanciamiento social como forma de cuidado individual?

¿ Cómo continuar cuidando y sosteniendo la producción de los grupos y equipos, considerando estas circunstancias?

En este trayecto invitamos a pensar y resolver, en diálogo operativo, las posibles estrategias de abordaje e intervención psicosocial más eficaces para esta etapa.

Para informarte por los contenidos y demás detalles dirigirse y a este correo o a nuestro blog: www.groppouy.blogspot.com
Quedamos  atentos a tus consultas.

Saludos cordiales, Fabiàn y Lilian





GROPPO
Equipo para la operación psicosocial
en colectivos, grupos, equipos y organizaciones
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www.groppouy.blogspot.com

Cuento "El Desgano"


 

El Desgano

Al desgano conviene matarlo de chiquito, porque si se lo deja crecer se le adueña del rancho, y dispués pa sacarlo te quiero ver escopeta.

Pa pior es pastoso y se va ganando por los rincones, y cuando uno quiere acordar le va empañando los vidrios de las ventanas y no lo deja ver pa fuera.

A un tal Peripecio Pilín se le apareció el desgano de atrás de un árbol, pa un mediodía caluroso, porque el desgano se da mucho con la calor.

De un saludito se le trepó al anca del caballo y se dejó llevar. Es lo que tiene, le gusta dejarse llevar. Peripecio no le hizo mucho caso, porque era un desgano chiquito, como quien dice un pichón de desgano.

Cuando llegó a su rancho dentró y atrás el desgano, arrastrando los pieses. El hombre no le hizo caso, pero cuando quiso acordar, en un descuido, el desgano se le sentó en el banquito de tomar mate. Estuvo a punto de volarlo de un moquete, pero lo pensó un momento y se le fueron las ganas.

Otro de los peligros del desgano es que es mimoso. Se acercó a los pieses del hombre, le lambetió las alpargatas, y se le fue trepando, silencioso, acariciante, medio pegote. Peripecio lo estuvo por bajar de un manotón, pero se quedó en el amague porque se le fueron las ganas.

Cuando quiso acordar, el desgano lo estaba empujando pal catre. No era hora, pero, por no tener cuestiones, se dejó arrastrar.

Al otro día estaba incapacitau de levantarse y el desgano le pintó el rancho de gris, se lo forró de corcho pa que no escuchara el canto de los pájaros, y le empañó los vidrios de las ventanas pa que no viera pa fuera.

Pero el desgano también tuvo su momento de descuido.

A Peripecio se le aclaró un instante la mollera, y se dió cuenta que tenía que luchar contra el desgano. Apenitas si le quedaba una pizca de voluntá, porque el resto se la había ido devorando el desgano que cada día se ponía mas gordo.

Otra cosa que tiene el desgano: es de fácil engorde. ¡Es de goloso...! Diga que el hombre se prendió al pedacito de voluntá que le quedaba, salió pa fuera a los tumbos, lo encandiló la luz del día, agarró un hacha y se puso a cortar leña con furia. A cada hachazo pegaba un grito pa darse coraje, y con tanto grito el desgano se retorcía, se revolcaba, hasta quedar hecho una porquería, y salía haciendo muecas de dolor y de rabia.

Después Peripecio les fue a avisar a los vecinos, pa que se cuidaran de un desgano que andaba rondando por el pago, pa que no se les fuera a meter en los ranchos, y de ser posible, que lo mataran de chiquito.

Julio César Castro- Uruguayo

1928-2003

(Juceca)

viernes, 15 de julio de 2022

De la Recreación y la Animación Social.

 
 
 
 
 
De la Recreación.
Somos el tiempo que vivimos y lo que hacemos en él, individual y colectivamente. La vivencia en el tiempo constituye una experiencia vital y define el acontecer protagónico en nuestras historias. Por ello la posibilidad de transcurrir la vida en un marco espaciotemporal saludable es fundamental. La Recreación como dispositivo móvil de intervención y abordaje socioeducativo y cultural apuesta a construir y transitar estos trayectos en el entendido que es mucho más que un hacer en un tiempo, es mucho más que ocupar un lapso de ese tiempo en donde no se hace nada. La Recreación implica valores, una ética, una estética, propicia la autonomía y la capacidad de decisión de las personas y su libertad de elegir. Por tanto, no habrá experiencia de Recreación si no hay sujetos libres en el tiempo.

De la Animación Social.
La Animación implica dos aspectos fundamentales: un estado de actuación individual y colectivo en la realidad, y un abordaje pedagógico desde lo técnico. El primero es el principio interno de movimiento, hace al acontecer de cómo nos situamos en función de nuestra ubicación en la realidad aprendiéndola y transformándola.
El segundo aspecto implica una toma de posición pedagógica que se desarrolla a partir de abordajes e intervenciones en lo social y cotidiano con estrategias destinadas a desarrollar acciones y prácticas sociales dirigidas y destinadas a generar espacios y condiciones para una sociabilidad diferente.
La animación social para la participación, la entendemos no como una participación dependiente , sino plena, libre, lúdica y solidaria.Una participación que implica procesos, nuevas formas de comunicación , retomar la pregunta, reinventar el poder desde el poder hacer con los otros y en y los entornos donde transitamos.

 

sábado, 25 de junio de 2022

Hoy hubiera cumplido 115 años Enrique Pichon Riviére, vaya nuestro homenaje!!

 


REVISTA PRIMERA PLANA- 06 de julio de 1966

LA OPINIÓN PUBLICA
Por Enrique Pichón - Riviére *


Sin diálogo no hay conciencia.
(SÓCRATES.)


La opinión pública es para un periodista —técnico de la información— el campo hacia el que apunta su acción. Aunque el manejo de la opinión se ajusta a las exigencias de sistemas filosóficos y de fluctuantes aspiraciones políticas, el problema gira siempre sobre dos ejes: a) naturaleza de la opinión, y b) señalar el rasgo capaz de convertir en "pública" una opinión determinada. Hay estrecha relación entre las nociones de actitud y opinión. Se podría definir a la primera como la expresión verbal o no de actitudes, siempre que se dé en una situación de controversia, es decir, cuando no existe unanimidad de actitudes acerca del mismo valor social.
El ámbito complejo de la opinión pública debe ser desglosado en varios campos, por ejemplo: 1) qué es una actitud; 2) de qué manera una actitud se transforma en opinión y cómo ésta llega a tener carácter público. Progresivamente la inofensiva idea de "opinión pública" se ha transformado en uno de los sectores de investigación más ricos y necesitados, sobre el cual converge el interés de todas las ciencias sociales.
El esquema de la escuela francesa, que da la dirección de la investigación, interpreta el fenómeno de opinión como la adhesión a fórmulas determinadas, como una actitud que puede ser evaluada según una escala. Los estudios sobre opinión tratan de delimitar el concepto, definirlo como fenómeno social, investigando el medio de donde emerge, estudiar su influencia en los contactos sociales que se establecen entre los grupos de diferentes ideologías y elaborar técnicas adecuadas para su investigación. De un análisis comparativo de los conceptos de eficiencia, duda, rumor, surge que la opinión es un juicio que el hombre formula para evadirse de la duda, pero cuya motivación se relaciona con otros problemas que son desplazados sobre él.


De todas maneras, el objeto al que se dirige la opinión aparece como oscuro, y la inteligencia no se aferra a él como la certeza. Por eso la adhesión a la opinión no será total, ya que el miedo a errar por una mala elección está en el centro mismo de la cuestión. Y aunque ese temor permanezca implícito, la opinión está siempre rodeada de miedo, lo que no sucede en la certeza. La función operativa de la opinión es arrancar al sujeto de la inquietud de la duda y darle reposo con la creencia de que está en lo cierto.


Cuando la opinión se convierte en adhesión total, en virtud de una necesidad de superar la incertidumbre, se llama convicción. Teniendo ya definido objeto y función de una opinión podemos detectar la forma en que ésta se hace pública. Para algunos, alcanza esta categoría cuando es manifiesta; para otros, lo público es un concepto sociológico utilizado para discriminar un grupo desorganizado de características especiales. La opinión es pública bajo las dos acepciones, porque tanto su objeto como su sujeto deben ser públicos en los dos sentidos señalados. El sujeto está constituido por el conjunto de personas que mantienen su opinión y que creen que otros piensan como ellas. El que opina públicamente y forma opinión pública sustituye el yo por el nosotros con la conciencia de su pertenencia a un grupo, de un estar incluido en un mismo contexto con los que tienen idéntica opinión aunque no los conozca.


El sujeto de la opinión pública coincide con lo que en sociología conocemos como público y que designa a un grupo de características especiales carentes de organización. Todo público tiene un motivo polarizador que lo define y convierte a sus individuos en miembros. Lo importante es subrayar que no es necesario, para sustentar una misma opinión, ningún tipo de organización: sólo se requerirá que haya un rasgo en común entre aquellos que por distintas vías llegan a emitir la misma opinión. Esto no implica que el sujeto de opinión no pueda formar grupos más o menos organizados que faciliten la organización.
El objeto de la opinión pública ha de ser manifiesto y notorio, el contenido de la opinión pública es el mismo que el de la opinión en general, pero adquiere su carácter público al ser conocida por muchos. El objeto de la opinión debe ser expandido y ésta es la función de la propaganda; requisito indispensable para lograr opinión es el conocimiento del hecho opinable.

Se podría resumir que las condiciones para la existencia de la opinión pública son las siguientes: a) objeto sobre el que se pueda opinar, en controversia, conocido y que despierte el interés de muchos; b) conjunto de personas que opine lo mismo y tenga conciencia de esta situación de coincidencia; c) esto da como resultado que cada sujeto, al conocer la opinión de los demás, se exige su propia opinión de alguna manera, directa o indirecta; d) la opinión implica una toma de posición frente a otras posiciones. En su esencia misma está la discusión. 


* Copyright by PRIMERA PLANA



Cooperativa de Servicios Sociales

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