sábado, 9 de abril de 2016

4ª Edición: Curso Latinoamericano a Distancia sobre Animación Sociocultural:
Metodología de intervención socioeducativa desde  la perspectiva
de la  Pedagogica de la Animación Sociocultural local.

MAYO - JUNIO 2016

Coordina: Equipo Docente del Colectivo Centro Recreándonos y docentes invitados.
               
Colabora: 
Sinergianet


Apoya:
Espacio GROPPO

Presentación
Asistimos en los últimos años a un empuje de las prácticas de Animación Sociocultural en toda Ibero América donde aparecen distintos actores y experiencias que hacen que cada vez más haya individuos que quieran acceder a estos espacios profesionales.
Son numerosas las personas que optan por técnicas y estrategias de animación para desarrollarlas en sus espacios de intervención profesional, así como también organizaciones sociales que dentro de sus políticas organizacionales instituyen la animación como programa.
En tanto esto creemos necesario que para desarrollar modelos innovadores y contextualizados con nuestro presente en el marco descrito es necesario articular la Animación Sociocultural con un marco pedagógico coherente y pertinente de forma de ampliar el encuadre de investigación- acción en la realidad social. 
Como aporte a dicho proceso ofrecemos un Curso Iberoamericano a Distancia de Pedagogía y Animación Sociocultural,  el mismo procura ofrecer los conocimientos y las metodologías básicas de estas disciplinas, centrado especialmente en la praxis y lo regional-local.
Se busca que los participantes queden con elementos suficientes para comprender y actuar en y desde la Animación Sociocultural en el marco de una pedagogía específica y aplicada.

Modalidad del curso:
nos proponemos un trayecto de enseñanza-aprendizaje teórico-práctico, con modalidad asincrónica, con algunos momentos en línea en tiempo real.

Contenidos:
Modulo 1: Animación Sociocultural y su ámbitos
Definiciones y articuaciones. Escenarios de desarrollo.

Módulo 2: Marco Pedagógico- Pensar acertadamente, contexto y sustento de la intervención socioeducativa.
Pedagogía del Acompañar, hacia una pedagógía del Vínculo.

Módulo 3: Grupo y Comunidad- El aprendizaje en los grupos, la animación como factor de posibilidad. Condiciones para el aprendizaje.
Comunidad-es, tramas, lazos, lo vincular como sustento.

Modulo 4: Metodologías de Animación Sociocultural- Intervenciones socioeducartivas y culturales.
Principios de dinamización, gestión: encares, diseños.
Planificación participativa.

Modulo 6: El Animador y la Animadora, actitud psicológica, estilos y movimientos en los diversos escenarios. La intervención desde la presencia.El acto socioeducatvio, político, ético y estético.
Rol y funciones.

Información:
centro.recreandonos@gmail.com


miércoles, 9 de marzo de 2016

PARA LOS MAESTROS Y PSICÓLOGOS.
Un regalito cariñoso.
Los juegos infantiles, relictos de antiguos rituales 

Daniel Vidart

El niño no es un proyecto de hombre ni un hombre jibarizado o incompleto sino un ser dotado con una psiquis abierta a un tiempo y un espacio propios, donde lo real y lo maravilloso configuran los extremos entre los cuales resplandece una personalidad singular.
Su afán inquisitivo lo lleva a preguntar incansablemente por el proceso causal que concede materia y significado a las cosas; es el dueño ingenuo al par que sapiente de un espíritu in status nascens y de una concepción animatista de la naturaleza circundante. Está poseído por un instinto adivinatorio y, a la vez, exhibe tal capacidad para el asombro y el entusiasmo que estos rasgos existenciales lo convierten en una entidad diferente de los adultos, representantes de un colectivo desencantado y escéptico.
Y es en el juego, precisamente, donde se manifiestan y perfeccionan la cualidades características de las distintas etapas de la infancia, estudiadas por J. Piaget en uno de sus trabajos (La formation du symbole chez l ´enfant: imitation, jeu et rêve, l959), en el cual clasifica los juegos infantiles en tres tipos: los de ejercicio, los simbólicos y los reglados. Van ejemplos. De los de ejercicio: la mancha; de los simbólicos: las niñas jugando a las madres; de los reglados: la payana.
El universo de los juegos.

El juego de los niños ha sido objeto de múltiples clasificaciones e interpretaciones. En estos juegos, y los correspondientes juguetes, se han definido tres sectores: el de la imitación del mundo lúdicro de los adultos; el de la conservación tradicional de vetustos rituales desfuncionalizados o degradados, tributarios de la magia, el chamanismo o la religión; el de los juegos más o menos espontáneos y repentinistas originados por los distintos tipos de creatividad correspondientes a las sucesivas etapas del desarrollo mental y motriz de la niñez.
Dentro de la inmensa variedad de juegos infantiles, que los lactantes comienzan a practicar desde muy temprano según las investigaciones de D. Winnicott (Playing and Reality, l971), unos se desarrollan sosegadamente en la asíntota inferior del reposo corporal - adivinanzas, muñecas, ta-te-ti-, otros se embriagan con la desmesura del vértigo - rondas veloces, carreras, saltos - en tanto que, planeando sobre todos ellos a modo de pájaro sagrado , se despliegan, ya la búsqueda del orden establecido por los arquitectos del Universo, ya la escapatoria de la tiniebla y confusión del abismo original . Estas dos modalidades, o sea la mathesis del Cosmos y la hybris del Caos - que en las postrimerías de lo creado se convierte en Apocalipsis - remiten al oasis (que en copto significaba techo, protección del sol ardiente) convertido por Dios en el Gan, el Jardín del Paraíso, y a su contrapartida, el desierto, el Edén ( édin en sumerio, edinu en babilonio significa erial, llanura estéril y no lugar de delicias como erróneamente se afirma ) donde reinan los demonios.
De tal suerte se instala en la peripecia del juego la eterna querella dialéctica entre la norma estricta del ludus - game y la invención no programada, y por ende escandalosa, de la paidia - play, esto es, el eterno conflicto entre la necesidad en cuanto sujeción conservadora y la libertad en cuanto sacrilegio innovador.
Dentro de ese universo consustancial a la infancia - se ha dicho que " los niños no trabajan, juegan ", siempre que no pertenezcan a la denigrada humanidad del Tercer Mundo, agrego yo - se destacan algunos aspectos que han atraído la atención de los folklorólogos y los etnólogos. Tales aspectos tienen que ver con las supervivencias de antiguos mitos y ritos cuyas formas y fórmulas pueden ser rastreadas y aún rescatadas tras la aparente intrascendencia de la actividad lúdicra infantil.
En este sentido M. de Montaigne decía en sus Essais (1595; hay ediciones actuales) que " los juegos de niños no son tales juegos, y que es preciso considerarlos como sus más serias actividades". La seriedad de estas actividades no solo se manifiesta en las disciplinas del juego reglamentado que fluyen de arcaicas ordenanzas seguidas al pie de la costumbre sino en el trasfondo trascendental de aquellas. Esto llevó a G.W. Leibniz a escribir que " hay tanta materia de reflexión en los cuentos de niñeras y en los juegos infantiles como en las obras de los filósofos."
Y bien, apelando a la complementaria visión del antropólogo, es posible estructurar, centrando exclusivamente la atención en ciertos juegos infantiles, una teoría del juego - relicto, del juego - banco de datos, del juego - sociedad secreta, es decir de aquellas actividades mentales o físicas desinteresadas que se orientan, si bien empobrecidas y fuera de contexto, no solamente hacia la teleología y la tecnología de ciertos juegos dejados de lado por los adultos sino a la arqueología espiritual de ritos añejos, tras cuya liturgia se abre el abanico de los mitos nacidos en la paleohistoria como esquemas simbólicos del mundo y de la vida.
Al respecto afirma J. Chateau: " Si es la sociedad infantil la que conserva la tradición, la fuente de la tradición proviene de otra parte. El niño es como el archivista que conserva riquezas ajenas. Y no conoce ni siquiera la fuente de esas riquezas, aunque a veces adivina confusamente que provienen de los ´ antiguos `. Es que, en efecto, esas fuentes están bien ocultas, tan bien ocultas que a menudo hasta el sabio no puede descubrirlas..." (L ´enfant et le jeu, 1958)
De idéntico modo, pero apuntando hacia el aspecto estacional de los complejos lúdicros, P. Esquieu expresa :" Esos juegos que se piensan librados al talante de las pandillas turbulentas que animan con su escándalo las esquinas y encrucijadas, son, o mas bien eran, reglados por el imperio de las costumbres, las cuales determinaban que en cada época del año se jugase a tal o cual juego, y no a ningún otro." Esquieu se refiere a los ritmos y momentos de la actividad recreativa infantil, aspectos por todos conocidos, pero otra comprobación del mismo autor revela un aspecto digno de ser señalado: el de la sociedad secreta, el de la cofradía que conserva celosamente en su seno los misterios de un complicado universo de ceremonias.
Dichas ceremonias, cuyo nombre deriva del munus, el deber religioso de la muy formalista ciudad etrusca de Ceres, se efectuaban públicamente para honrar a las potencias creadoras, a los puntos cardinales de la tetrapartición del espacio-tiempo -o sea el cronotopo templario- , a las teofanías de la gracia y a las kratofanías del poder. Hoy, olvidadas por los adultos, han quedado en manos de los niños, quienes las han reducido al manejo " en si y para si", como diría Hegel, de objetos esféricos, de cuerdas, de palos, de artefactos voladores y al ejercicio de todo tipo de maniobras manuales y corporales, amén de remotas fórmulas de encantamiento transformadas en trabalenguas, en cancioncillas ininteligibles y frases sin aparente sentido. "Ha existido siempre una especie de masonería entre los niños", dice Esquieu, complementando la observación anteriormente citada. (Les jeux populaires de l´enfance à Rennes, l890)

Hacia el rescate de los antiguos ritos

La búsqueda de este camino hacia el pasado lúdicro de la humanidad reconoce tres modalidades de rescate. La primera se refiere a la de los restos materiales de liturgias arcaicas y maniobras mágicas llevadas a cabo por los pueblos de distintos tiempos y culturas - los dados, las tabas, los tableros y fichas, los discos de las olimpíadas helénicas, las bramaderas australianas, las katchinas de los indios zuñi de los EE.UU. - ; la segunda se centra en el estudio de los documentos escritos que describen y clasifican los juegos que se han desprendido de viejos rituales, tal cual lo hiciera Rodrigo Caro (Días geniales o lúdricos, l625) con relación a los practicados por griegos y romanos: oscolíos, rayuela ; astrágalos, taba ; corico, paganica y harpasto, pelota ; reticulum, raqueta ; pentalitha, payana , etc. -, y tal como fluye de los testimonios de las civilizaciones letradas - el juego de cometas según los escribas chinos, el juego de las canicas o bolitas según los autores europeos - ; la tercera apunta a las pesquisas in situ realizadas por los folklorólogos en las sociedades civilizadas - la ciudad supone la escritura si bien existen analfabetos, sobre todo en el campo- y en el seno de los pueblos ágrafos contemporáneos.
En esta última dirección figuran, entre otros, los estudios de Y. Hirn (Jeux des enfants, l943) y de M. Griaule (Jeux et divertissments abyssins, l935; Jeux de Dogons, l938 )
De los trabajos citados fluye con claridad que muchos de los juegos infantiles, estereotipados a lo largo del tiempo y repetidos con fidelidad formalista por sucesivas generaciones de niños, son el trasunto de antiquísimos cultos relacionados con la fecundidad, con las etapas de vida y los ritos de paso, con el advenimiento implacable la muerte, con la reiteración circular del tiempo, con los espíritus de ultratumba, con el destino de las almas, con el Sol, la Luna y las estrellas, con la preservación de la salud, con la regularidad y abundancia de las cosechas.
El tiempo del trompo y el mundo lúdicro

El análisis de las alusiones míticas y rituales subyacentes en el juego de las cometas, la rayuela, las rondas vertiginosas, el columpio, la pelota, el balero, los zancos, los dados, etc. constituyó uno de los objetivos de mi libro El juego y la condición humana (2ª edición. l999) Estos aspectos han sido abordados por los diccionarios de símbolos (Cirlot, Biedremann, Chevalier - Gheerbrant, etc.) y los relativamente pocos autores que han escrito sobre el tema. Si bien la naturaleza de este breve ensayo me dispensa de la profundización casuística en cada uno de los juegos que fueron o son practicados en el seno de la civilización de Occidente, quiero, no obstante, remitirme a dos breves apuntes de mi aludida contribución al tema.
El uno se refiere al juego - supervivencia, tal como expreso en los siguientes fragmentos :" ...cuando se juega al actualmente denominado fútbol - un juego de pelota sin más, propio de muchas culturas - los ´ antiguos ` o ´ primitivos` evocaban la lucha de las tribus adversarias por la propiedad de la esfera solar, dispensadora de la vida en nuestro planeta ; cuando se remonta una cometa (o pandorga, voz derivada de pandero) nos remitimos - hoy ya sin saberlo - a la dualidad existente entre el cuerpo que se queda aquí abajo y el alma que, hilo arriba, conversa con los dioses; cuando se asciende, trabajosamente, por el palo enjabonado, se trepa nada menos que por el Arbol del Mundo, rumbo a las estrellas y a las divinidades que, semejantes a plateadas abejas, vuelan en un huerto de flores luminosas ; la rayuela, ya se considere como un esquema de los pasos que conducen al Cielo, ya como un remedo de las dificultosas pruebas de iniciación, nos transporta, mas allá de su laberinto dibujado con tiza en las baldosas, al reino de Las Madres entrevisto por Goethe y vigente, hace milenios, en las teofanías del Asia Menor. " (Op. cit. p. 10)
"De este modo ...el columpio conjura mágicamente la aparente detención del Sol en los solsticios para que aquel se desvare y ´ retroceda ` a efectos de preservar el ciclo regular de las cuatro estaciones ; las muñecas son el trasunto de los ritos de fecundidad celebrados en todo el mundo agrícola protohistórico ; los animales rodantes de arcilla de México y el Viejo Mundo no son la expresión de juegos infantiles sino objetos ceremoniales que los mayores ponían en marcha para que el Sol siguiera dando vida y alimentos al hombre". (Op. cit. pp. 75 - 76 )
El otro fragmento analiza las relaciones entre la payana (término proveniente de la voz quechua pallani, " recoger lo caído") practicada por los mochicas o moches con porotos pallares, y la pentalitha - o sea cinco piedras - griega, pero como se trata de un desarrollo relativamente extenso me remito a las pp. 22 - 24 de mi aludido libro.
Un dato a retener es que estos juegos estaban y siguen estando ordenados en sistemas temporales: cada estación desplegaba un abanico de juegos estrictamente centrados en las características meteorológicas y productivas de la vegetación y de los animales domésticos propias del invierno, el verano, la primavera y el otoño, es decir, las épocas regidas por los solsticios y los equinoccios. Un autor europeo - no olvidar la inversión de las estaciones en el hemisferio sur - nos dice al respecto:" Cada juego infantil se centra en la estación precisa que le ha sido asignada por la tradición : el trompo en primavera, las bolitas en verano, los tejos en otoño ;la búsqueda del tesoro en invierno ." (J.Grane, Jeux et Jouets, 1979)
De los juegos infantiles citados puede interesar, a título de ejemplo, un breve examen de lo que se esconde detrás de los trompos y las cometas.
El trompo, llamado strombo entre los griegos, es decir, el que rueda o gira, tiene un nombre onomatopéyico relacionado con la rotación, con el torbellino acuático o aéreo, con la tromba. Era un juego practicado por los griegos y romanos, al punto que Virgilio lo describe en el libro VII de la Eneida. Pero las raíces son mucho más lejanas. Su zumbido lo identifica con el trueno, con el rezongo aéreo de la tempestad, es decir, con las fuerzas aéreas que provocan la lluvia. El trompo reconoce dos modalidades : la del palo bramador o mugido del toro, y de ahí su nombre inglés bull roaer, usado, entre otros pueblos, por los aborígenes australianos, y el de la peonza, el peón que gira sobre una púa luego de ser lanzado al suelo mediante un cordel o latiguillo.
Debo limitarme al trompo terrestre, dejando de lado el aéreo, el bull-roarer, cautivo de la chaura que lo hace girar y aullar, a tal punto que entre las tribus de aborígenes australianos ese lamento y reclamo a la vez -el clamor sagrado de los dioses celestiales o uránicos del poder- solo puede ser escuchado por los hombres y no por las mujeres, obedientes al dictado de las divinidades terrenas o chtónicas- de la fecundidad.
El trompo de madera tiene individualidad propia, lo anima una especie de vida que se desarrolla y agota a lo largo del impulso que lo yergue sobre la púa, y lo hace girar y ronronear, arrogantemente, hasta que las fuerzas se acaban y cae, derrotado por la gravedad, sobre su combo vientre que lo asemeja a un higo. Y digo así recordando las "brevas", y no las " chatas", con las que yo jugaba con otros niños durante mi infancia.
No es el del trompo un juego solitario. Es un juego social que remeda una batalla. A veces, con una hábil maniobra, se levanta de las baldosas el brioso objeto giratorio y se le hace "dormir" en la palma de la mano, pero su vocación es guerrera. Su belicoso y a veces peligroso ejercicio propiciaba los combates entablados entre los lanzadores a los efectos de "matar" al trompo contrario o sacarlo del círculo mágico que lo protegía de la hostilidad del "afuera", esa tierra extraña, ese espacio donde los hombres que han sido expulsados de su comunidad se convierten en extranjeros, en presas del Demonio, en criaturas abandonadas al capricho del Otro.
He utilizado los verbos en tiempo pretérito pues hoy los juegos electrónicos y otras actividades lúdicras han desplazado, por lo menos en los centros urbanos, toda la artesanal parafernalia de juegos y juguetes tradicionales que durante milenios habían sido fielmente mantenidos y utilizados por los niños.
Se han hallado peonzas de barro en las ruinas de la antigua Troya. No se sabe si se utilizaban como en el siglo XIX francés, por ejemplo, cuyo uso ha sido vinculado por los folklorólogos con una reminiscencia de los cultos ígneos, con el encendido del fuego. (Esquieux, Op. cit.) Los aldeanos ingleses hacían girar durante el invierno enormes trompos accionados por sus brazos para sacarse el frío: el fuego, el calor, era evocado por una maniobra simbólica y a la vez gimnástica. Y efectivamente, mover esos enormes trompos de madera hacía circular la sangre en los miembros ateridos. Este gran juguete no era privado: pertenecía a la comunidad aldeana. Quizá en épocas mas lejanas, que podrían remontarse hasta el neolítico - y esto va por cuenta de algunas aventuradas interpretaciones - unos trompos mánticos, también de gran tamaño, serían utilizados para predecir el porvenir, y no es de descartar que fueran los antecesores de las perinolas, esos adivinos giratorios mitad trompos, mitad dados.
Una de las prácticas medievales muestra que durante el mes de febrero, cuando comienzan a abrirse las puertas de la primavera, se abrían las puertas de las iglesias y desde allí se lanzaban grandes trompos, zumbando a mas no poder, hacia el espacio profano.¿Qué significado tenía este ritual ?
Los investigadores europeos todavía no han dado una respuesta verosímil. Los etnógrafos, en cambio, sí saben que se emplean en los cultos de fecundidad. Así lo comprueba A. Jensen (Mythos und Kult bei Naturvölkern, l960) al decirnos que los varones kajan de Borneo hacen girar pesados trompos de 30 centímetros de alto durante las festividades de la siembra. En cambio los nagas de Indochina los ponen en movimiento durante los ritos fúnebres en honor a los guerreros. Sin embargo hay días interdictos para hacerlos girar. Si el arroz aún no ha echado espigas es porque la tierra está preñada, y la rotación del instrumento aceleraría de modo inconveniente el proceso de maduración.
El trompo es un barreno giratorio, un minúsculo huracán momificado, una púa agresiva que hiere y desplaza al otro trompo de la "troya". Representa la rotación de los elementos activos de la naturaleza, el torbellino de la vida que se apaga para regresar de nuevo, la evocación del eterno retorno que obsesionaba a Eliade. Se trata de un juguete cuajado de símbolos, de perfumes de muy lejanas creencias y cultos. Pero los niños, felizmente, están al margen de estas historias.
Ya están, allá arriba, las cometas
Lo mismo sucede con las cometas, cuyo nombre viene del griego komee, cabellera Tienen en algunas partes nombres de aves, pues como ellas vuelan. A la vez están cautivas, firmemente retenidas por un cordel que las une con la tierra. Acá abajo reside el cuerpo de quien las iza. Allá arriba, en el viento, en el sonar de los flecos, en las evoluciones de la cola, en los "saludos" y tentativas de huida cuando se les suelta el hilo recogido previamente, se mecen y cabecean las almas de los mortales, pugnando por escapar de la cárcel terrestre. Así por lo menos se cree en la China, país donde quizá las cometas tuvieron origen.
Cuajadas de alusiones al ascenso de las almas, trasuntos de ritos de una remota funebria y juegos psicopómpicos, las cometas que remontara el griego Arquitas de Tarento y antes que él, incontables generaciones de hechiceros, chamanes y adivinos, se ha convertido en un juguete en manos de los niños. Estos, a veces simulan combates poniendo filos en las colas, para cortar los cordeles de las cometas rivales - barriletes, estrellas, pandorgas, papalotes, gallinazos, papagayos, tarascas, volantines, chichiguos o como quiera se las llame por el gracejo popular - y en otras ocasiones envían "cartas" que ascienden veloces por el hilo con mensajes a los seres, que, en lo alto, miman ser espíritus del aire, pequeños trasgos, ángeles translúcidos, dragones en fuga, aves prisioneras.
Pero los niños, atentos a la alegría del vuelo, a la liviana gracia del artefacto a veces fabricado por sus manos-, a las evoluciones, titubeos y fracasos del objeto coloreado y susurrante que sube cada vez más alto, o que colea peligrosamente, o que se precipita a tierra como una rota flor de caña y papel, nada saben de las antiguas fuentes, de los sumergidos ritos de otrora. Son los guardianes de liturgias esotéricas pero se limitan al pragmático goce del aquí y ahora del juego. Llenos de orgullo y autoestima, se regodean con la certidumbre de ser los amos y señores del juguete, los amos del espacio lúdicro, los inventores del mundo.
Y así fue y así es. Sin obligación ni sanción remontan sus cometas, saltan a la cuerda, juegan a la mancha, embocan baleros -sin imaginar que remedan el coito y tras él a la fecundidad-, caminan con zancos, demuestran sus habilidades con las cinco piedras de la payana, giran en locas rondas, hacen puntería con las bolitas y se lucen en el rango. De tal modo, en los distintos pueblos, tejen el tapiz lúdicro de modalidades lugareñas, a veces muy distanciadas de las que imperan en nuestro orbe cultural. Si bien muchos juegos tradicionales solo sobreviven en perdidas aldeas, los diligentes pescadores infantiles de la homologación consumista siempre recogen con sus redes nuevas modalidades lúdicras del mundo de los adultos e inventan, sin cansancio otros juegos acordes con el Zeitgeist, el espíritu del tiempo.
Y aunque aparentemente nuevas, las suyas, en definitiva, son las eternas formas de hablar con los genios de la existencia cotidiana, con las hadas del recreo, con los ángeles de la fiesta. De tal modo hacen huecos en el tiempo de las obligaciones que les imponen los adultos para regresar una y otra vez al íntimo Olimpo donde cohabitan y conversan con sus dioses familiares mediante maniobras y lenguajes solo inteligibles para esas sociedades de iniciados que, sin tener conciencia de ello, miman con el juego los orígenes de los seres y las cosas, los misterios del más allá y el más acá, las incertidumbres de la vida y la puntualidad de la muerte.
La civilización globalizante contemporánea está matando a los viejos juegos infantiles. Apenas subsisten en nuestras ciudades. El mundo cibernético, este nuevo monstruo que aquieta los cuerpos, esclaviza los miembros y devora los ojos, estos teléfonos sabios, estos juguetes electrónicos, han sosegado el gozoso ir y venir de los pequeños Prometeos. Felizmente, otras parafernalias dinámicas enjugan esa gran pérdida. Gracias al fútbol y demás actividades atléticas los niños del mundo contemporáneo salvan, en la balsa del deporte, a los sobrevivientes del naufragio de la paidia y el ludus de otrora. Pero si bien el juego se cuela en el deporte, el juego propiamente dicho habita otras comarcas de la geografía del espíritu.

sábado, 2 de enero de 2016

La Pedagogía Social en el mundo

Ya está disponible la revista Núm. 27 (2016)
Enlace a la página de Pedagogía Social Revista Interuniversitaria


Tabla de contenidos

Editorial

Editorial
 
7-10

Presentación

Presentación
Xavier Úcar Martínez, Juha Hämäläinen
13-18

Monográfico

Heinz Suenker, Rita Braches
19-44
Niels Rosendal Jensen
45-70
Juha Hämäläinen, Lisberth Eriksson
71-94
Martí Xavier March Cerdà, Carmen Orte Socias, Lluís Ballester Brage
95-132
Tatiana Romm
133-152
Jorge Camors
153-178
Roberto Da Silva
179-198
Claire Cameron
199-223
Daniel Schugurensky
225-251
Asuka Kawano, Takeo Matsuda, Lan Xiao
253-280
Astrid Von Kotze, Salma Ismail, Linda Cooper
281-305

Informaciones

La evaluación participativa en la acción comunitaria. Aproximaciones teórica y metodológica
Héctor Núñez
309-310
Carme Tolosana Cidón
311-312
Elementos de las historias de vida que influyen en la elección profesional de los maestros de educación infantil en formación
Maria Luisa Sánchez Fernández
313-315
Millán Brea Castro
315-317
Narrativa y promoción de resiliencia. Factores de riesgo más frecuentes en futuros docentes en formación
Andrés Serrano Molina
317-319
Nuria Garro Gil
319-321


martes, 29 de diciembre de 2015

Max Neef: "La economía neoliberal mata más gente que todos los ejércitos del mundo juntos, y no hay ningún acusado, no hay ningún preso"



por  28 diciembre 2015
Max Neef:
"Seguir forzando el crecimiento para consumir más y seguir produciendo una infinita cantidad de cosas innecesarias, generando una de las instituciones más poderosas del mundo como lo es la publicidad, cuya función es una y muy clara: hacerte comprar aquello que no necesitas, con plata que no tienes, para impresionar a quienes no conoces. Eso evidentemente no puede ser sustentable", dijo el economista y autor de la tesis del desarrollo a escala humana.r
El economista y ex candidato presidencial Manfred Max Neef cuestionó la obsesión por el crecimiento que genera la economía neoliberal, misma que a su jucio es "un fracaso tremendamente peligroso y brutal" y la responsable de gran parte "de todos los horrores que estamos viviendo en el mundo".
En una entrevista realizada por la revista En Torno, el autor de la tesis del desarrollo a escala humana afirmó que "esta economía neoliberal mata más gente que todos los ejércitos del mundo juntos, y no hay ningún acusado, no hay ningún preso, no hay ningún condenado. Todos los horrores que estamos viendo en el mundo, gran parte de ellos, tienen un trasfondo que está anclado a esta visión de tratamiento y práctica económica".
Y enfatizó que "la obsesión del crecimiento, para empezar, es un disparate. Porque una elemental ley natural, que todo el mundo conoce, es que todos los sistemas vivos crecen hasta un cierto punto en que dejan de crecer. Tú dejaste de crecer, yo dejé de crecer, el árbol grande deja de crecer, pero no deja de desarrollarse. Seguir forzando el crecimiento para consumir más y seguir produciendo una infinita cantidad de cosas innecesarias, generando una de las instituciones más poderosas del mundo, como lo es la publicidad, cuya función es una y muy clara: hacerte comprar aquello que no necesitas, con plata que no tienes, para impresionar a quienes no conoces. Eso evidentemente no puede ser sustentable".
Para Max Neef no es un problema sin solución. Y por ello cree que la anternativa es "la visión de la economía ecológica", ya que "a diferencia de la economía tradicional, la economía ecológica es una economía que está al servicio de la vida y tiene características fundamentalmente opuestas a la convencional".
"Hoy en día llegamos al extremo, comienzo del siglo XXI, en que hay más esclavos de los que había antes de la prohibición de la esclavitud en el siglo XIX. Esclavos en serio, no en sentido figurado, de los cuales el 60% son niños y las demás, principalmente, mujeres".
Sobre este punto explicó que "la economía convencional –que es la hija de la economía neoclásica– desde una visión ontológica, se sustenta en una visión mecánica, newtoniana: el humano, la economía y el mundo son mecánicos. Y en un mundo mecánico tú tienes sistemas que tienen partes. Partes que descompones, analizas y vuelves a armar. Del otro lado, la economía ecológica se sustenta en una visión orgánica. Los sistemas no tienen partes, sino que participantes, los cuales no son separables. Lo cual significa que todo está intrínsecamente unido y relacionado. Esto por lo demás ya es un mensaje que hace más de 90 años nos viene dando la física cuántica, pero ese mensaje ha tardado en llegar a las ciencias sociales".
El economista y ex rector de las universidades Bolivariana y Austral, enumeró "cinco postulados fundamentales y un principio valórico irrenunciable" que debieran sustentar la economía ecológica o cualquier otro nuevo sistema económico: "El postulado número uno: la economía está para servir a las personas y no las personas para servir a la economía; dos: el desarrollo tiene que ver con las personas y la vida, no con objetos; tres: crecimiento no es lo mismo que desarrollo, y el desarrollo no precisa necesariamente de crecimiento; cuatro: ninguna economía es posible al margen de los servicios que prestan los ecosistemas; y cinco: la economía es un subsistema de un sistema mayor y finito que es la biosfera, por lo tanto, el crecimiento permanente es imposible".
"Y el principio valórico irrenunciable que debe sustentar una nueva economía es que ningún interés económico, bajo ninguna circunstancia, puede estar por sobre la reverencia a la vida. Si tú recorres estos puntos vas a ver que lo que hoy tenemos –en la economía neoliberal– es exactamente lo contrario. Hoy en día llegamos al extremo, comienzo del siglo XXI, en que hay más esclavos de los que había antes de la prohibición de la esclavitud en el siglo XIX. Esclavos en serio, no en sentido figurado, de los cuales el 60% son niños y las demás, principalmente, mujeres", concluyó.

Cooperativa de Servicios Sociales

Coordinación de grupos ¿oficio de tejedores?

  Coordinación de grupos ¿oficio de tejedores?  https://www.topia.com.ar/articulos/coordinacion-grupos-oficio-tejedores Lilián Toledo , Fabi...